06 de Mayo del 2017

Papá, mamá, Aylin y yo. Estamos condenados a tener un mismo sueño. Dormimos al mismo tiempo.

Hay un campo grande, abierto, en ciertos lugares recuerdo nieve. Por sobre todo, mucho verde. Hay un par de árboles. Había bastante gente pero no me sentía claustrofóbica.
Toda la gente tenía una maldición o un regalo.
Hay un niño con un carrito de completos. Podía pintar en 3D en cerebros. Tenía masa viscosa. Pintaba los cerebros por ambos lados y se conectaban a algo que hacía que se proyectara la pintura que finalmente estaba dentro del cerebro. Era la Noche Estrellada de Van Gogh.
Hay otra persona que tiene una maldición, es una mujer. Vomita arañas, pero para eso su boca tiene que tener total oscuridad y estar abierta. Para lograrlo se pone un cuello en la boca. De repente todos se dan cuenta de la maldición de esta mujer y la apuntan con luces. Ella entre que se enoja y le da pena, nos dice que cada uno tiene su maldición propia y que la dejen tranquila con la suya. Que ella necesita oscuridad así que que la dejen de apuntar con luces.
Salto temporal, cambio de escena.
Mamá, papá y Aylin están acostados en la cama de la pieza de mis papás. Yo estoy al frente de la tele con mi yaya. La yaya come algo así como unas pizzetas y yo estoy mensajeando a Coto con mi celular. La yaya me reta porque no estoy viendo el programa por usar el celular. Yo le digo que es lo mismo que comer pizza y ver tele al mismo tiempo.
De repente se siente algo así como un terremoto. Es como si la pieza se hubiese convertido en un vehículo y comenzara a acelerar. Acelera y acelera hasta que quedo pegada en la pared y se me acelera el corazón. Es como si hubiéramos entrado a un gusano en el espacio. Mi yaya desaparece. El resto de mi familia está asustada en la cama. Sabíamos que cuando terminase de acelerar despertaríamos. Despertamos y todos comenzamos a gritar, asustados. Son gritos ensordecedores y de horror. Gritamos dos veces y veo que a mamá y a mi hermana se le caen lágrimas de miedo.

Cuando despierto tengo una alucinación. No logro despertar totalmente.
Veo a un hombre muy pequeño, del porte de la mitad de mi dedo meñique, apoyado en el doblez de mi cubrecama. Está en cunclillas y dándome la espalda. Es pelado y tiene una polera celeste. Es una visión borrosa, mientras lo que está alrededor de él está enfocado. Es como si hubiera salido del mundo de los sueños por un momento.
Me muevo para dejar de verlo.  

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